martes, 22 de septiembre de 2009

Parte 2



Después de la tormenta


Noche de sábado, las calles mojadas, los faroles iluminan todo lo que el sol no vio.
Sigo en mi rincón donde las chapas gotean sobre mi.
Esto ahoga mis palabras en un torbellino de maldiciones a la santa lluvia. Furioso me decido a salir, a dar un paseo.
Pienso en comprobar la realidad o falsedad de la siempre clasica frase “La calma después de la tempestad”. Tal vez en pequeñas ciudades esto se de, la gente atemorizada aun se conserva en sus recintos sin ninguna disposición para salir. En cambio aquí en la gran ciudad, ni la lluvia detiene a las incontables masas de gente acopladas en la entrada de cualquier discoteca o café de moda.
Ah un par de cuadras del arranque, noto que el auto que acaba de pasar delante de mí inundo mis humildes ropas con sus potente pasar por sobre los charcos.
Mi caminar se entorpece, mi ropa pesa kilates y en momentos como este (Los cuales ya he vivido) tan solo extraño mis chapas.
Me doy cuenta de que prefiero el suave goteo a ver como el mundo que amo, es saturado hasta el cansancio por esos gases toxicos: Escapes de autos, motos, etc.

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